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De cuando llegué a Arzúa… y la suerte de tener #tweetamigos

Lo más importante de hoy y la lección que he aprendido no me la ha dado el Camino sino mis amigos de twitter. En concreto debo agradecer la ayuda de @Tonyfalcon y de @FrankFraga. Y no es un agradecimiento cumplido, es de corazón, muchas gracias amigos por ocuparos y estar pendientes de mí. Tony, te prometo que no pongo más a parir a Galicia, ¡pero si esta tierra es cojonuda! y con gente como vosotros ¿Cómo no lo iba a ser? Frank ha sido un placer conocerte a ti y a tu familia. Y gracias por el rato de charla que hemos tenido, ya sabes, el día que vayas por Barcelona, tienes una obligación… ¡llamarme!

Para los que no sepáis de qué va esto os explico: Frank ha tenido los santos cojo… de traerme un cargador de iPhone desde la Coruña a Arzúa, no sabes cuanto te/os lo agradezco y Tony por coordinarlo todo ya que él no podía venir (tenía una reunión).

Y para que luego digan que el mundo no está cambiando, ¡viva lo 2.0! y mis amigos gallegos. No os hablo de solidaridad en el Camino sino de solidaridad twittera. Además de ser amigos de sus amigos, son del Barça, ¿qué más se puede pedir?

Pues como os decía, gracias a mis amigos casi no he vivido sin iPhone, que dijera lo que dijera, a estas alturas de la película se me haría complicado.

Sigamos con el Camino; hoy lo secundario.

¡No he visto a la chinita! ‘joé’ ya se me ha perdido, espero verla pronto, creo que os merecéis una foto suya..

Ayer mientras escribía el post en el hospedaje “A Cabaña” estuve de charla con otra niñita, esta vez alemana, y Silvia, te juro que además de simpática joven y germana, no era muy “agraciaica”. Creo que tengo pinta de papá y atraigo a este tipo de niñas. Era una cría muy simpática y me comentó, que mañana (por hoy) enviaría la mochila en taxi, la chica iba destrozada, llevaba en sus piernas todo el Camino y tenía que estar este miércoles en Santiago: me comentó que con mochila no podría…

Y pardiez que tomó una buena decisión. Esta mañana me ha sobrepasado como una moto junto a otro chavalito (al que también vi hace unos días, y por la pinta de rubiales seguro que también era alemán). Me ha preguntado por mi rodilla… le he respondido que “not bad”… “so so” haciendo el típico gesto con la mano de “así así” (¿lo habrá pillao?) Sí ella hablara español le habría dicho algo parecido a… ‘aguantando pero jodido bonita ‘. No hay nada como el idioma de uno para poder expresarse con propiedad 😉

Y entre subidas y bajadas ha transcurrido el día, los paisajes preciosos y tengo mil anécdotas más que contar. Pero no me quiero poner pesado … ¡Ah! se me olvidaba… he comido en Ezequiel en Melide… probablemente el mejor pulpo del mundo.

Mañana hago la penúltima etapa, esto ya casi está. Es una etapa más plana que las que llevo hasta el momento. Bueno, mañana os cuento.

Un saludo y descansad. Yo lo voy a hacer seguro. Un abrazo a todos.

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Desde el Miño a Palas de Rei

Esta noche he dormido como los ángeles en la Posada del Camino de Portomarín y anoche cené como un señor en su cenador; calidad y súper abundante “Menú del Peregrino”. Entre nosotros y sin que nos escuche nadie, era exagerado. La atención y el servicio del lugar excelente y la posada auténtica, antigua pero peculiar, ¡vamos!, que he estado cómodo.

Os escribo intentando relajar mis doloridas piernas que acaban de sumar otros 25 kilómetros. La etapa de hoy ha sido de un sube que te sube constante. Nada más salir tienes 11 km. de cuestecita prolongada y bajo una niebla matinal propia de estos lares. Por cierto, hoy no ha llovido ¡Bien! El piso estaba casi sin barro.

Durante la subidita he ido detrás de un grupo de 8 niñas que por el acento eran vascas, no han parado de hablar en todo el rato… ¡uff!

A estas alturas del Camino hay muchos grupitos de peregrinos que vienen a hacer 5 días de excursión con los amigos. Se ven también grupos de señoras sesentonas ¡Qué mérito que tienen lleven mochila o no! A ver quién es el guapo que a su edad se pone a caminar por estos pagos.

Por cierto, volví a ver a la chinita, ella salía de un bar y yo entraba, se ha girado y me ha dicho “hoolla”… Le estoy cogiendo hasta cariño 😉

Además corren por aquí personajes muy curiosos. He charlado con un andaluz mayorcete, muy simpático y que con el frío que hace se despacha saludando a todo el mundo embutido en sus pantalones cortos y en una mochila que es más grande que él. Un cachondo.

En el último post haré una serie de reflexiones sobre el Camino, unas en serio y otras no tanto. Lo que tengo claro es que teorizaré sobre su moda. Hablaré de cosas como los chandals y de cómo esa prenda no está cumpliendo su verdadero cometido (el precalentamiento deportivo), ¿qué hace un chandal en el Camino de Santiago? También disertaré sobre las zapatillas de tenis, los pantalones de agua y sobre las gorras de beisbol…

Como ya os he dicho hoy no ha llovido y esa ha sido la mejor noticia del día, la peor… que se me ha roto el cargador del móvil. Lo llevo apagado para no quedarme sin batería y lo conecto si necesito llamar ¡Sin iPhone también se puede vivir!… aunque parezca mentira.

Mañana intentaré comprar un cargador en Melide y me parece que haré noche allí. Sólo son 15 kilómetros y con la excusa del cargador y el pulpo de Ezequiel…no sé si me quedaré ¡Mis rodillas se lo merecen y yo también! No me apetece afrontar mañana otra etapa de 30 kilómetros hasta Arzúa. Según he leído es la típica jornada gallega rompepiernas, sube, baja, baja y sube. Bueno, ya os diré que he hecho.

Perdonad pero no sé cuando podré colgar las fotos de hoy (por lo del iPhone).

Un saludo a todos y … Javi y Marta; portaros bien con Mamá.

En las fotos que al final he podido subir podéis ver la llave de la Posada de Portomarín, un área de descanso, “los pazos de Ulloa” (¿os suena?) y el pan gallego… es buenísimo.

Pasando por el barro hasta llegar a Portomarín

Como ayer comenté, el día en Sarria resultó del todo provechoso y según lo que leí en la Guía del Camino la etapa de hoy tenía que ser agradable ¡No se equivocaba el librito! He salido sobre las 8:15 después de desayunar en el Hotel y he pasado por un paisaje de bosques autóctonos muy parecidos a los de San Xil, con repechones que se iban llevando con dignidad. No era una etapa de grandes subidas y bajadas (aunque en Galicia todo son subes y bajas). Ahora mismo recuerdo una, de rollito “muy brutal”… la bajada a Portomarín en la llegada al Miño.

He pasado por multitud de pueblecitos y aldeas gallegas, de los de casas de piedra y vacas en las calles. Y para resaltar la parte bucólica todo ello aderezado con aromas producidos por el abono natural del animalito en cuestión.

Como siempre, ¡ha llovido!, salvo un respiro entre 10 y 12. Y como siempre también, he visto caras conocidas; me he cruzado con la chinita made in USA… y me ha vuelto a sonreír.

Pero los hechos determinantes de hoy han sido que llevo muy bien la rodilla, que he caminado constantemente por entre el barro y los riachuelos crecidos por las lluvias. Se nota que mucha gente empieza en Sarria para hacer los últimos 100 km de la peregrinación (bastante personal en el Camino).

Otra circunstancia que me ha llamado la atención son los cientos de gatos y decenas de perros que hay en esas aldeas. Los perros son del tipo pastor alemán. Cualquier paisano de la zona te diría que su perro es un ‘perro lobo’. Fenotípicamente son bastante homogéneos, posiblemente, cuestiones endogámicas tienen la culpa. Pero la clave es la dominancia genética del genotipo ‘perro lobo’. Por ejemplo, si cruzas a una cabra con un Pastor Alemán, el resultante se parecerá al Pastor Alemán y si al hijo de este cruce lo cruzas con otra cabra, se seguirá pareciendo al abuelo, es decir, al Pastor Alemán 😉

Jajaja, perdonad por la disquisición pseudo-cinófila pero es que ya llevo 5 días de Camino en solitario. Mañana más y os contaré sobre un grupito de sesentonas que me voy encontrando en el Camino, van con un señor cincuentón que las cuida… según mi teoría… ¡ese es el cura!, jeje. Hasta mañana.

San Xil mon amour…

Amoroso título el que escribo en compensación al mal día que tuve ayer. El desastre -como ya conté- empezó en la bajada hacia Triacastela y con el dolor de rodilla que llevaba encima. Lo único bueno del día fue que conocí a un tipo simpatiquísimo en un pequeño pueblo llamado Fonfría. El amigo era Tinerfeño y rezumaba alegría y simpatía en su escaso metro cincuenta de estatura. Me dijo que llevaba desde febrero en el pueblo ayudando en el Albergue de una amiga ¡Por estas tierras todo el mundo viene a ayudar a los amigos!, curioso.

Pero volvamos a Triacastela…

Llegué muerto, roto y dolorido y me costó encontrar el hospedaje que había reservado. Pensaba que era algo parecido a un Hotel pero era una casa particular con una habitación y un baño. Para la clavada que me metieron, un sitio sin ningún servicio y cutre (pasé mucho frío). No volveré, y del pueblo pasaré de largo.

Cuando por fin he dejado Triacastela sabía que algo especial iba a compensar mi mal día anterior. Me he encaminado hacia la variante de San Xil en lugar de pasar por Samos. Un espectáculo en las dos partes de la etapa, la primera con fuertes subidas y bajadas (aunque las recordaba peor de cuando lo hice en bici) y encajada en un bosque autóctono y típico de la zona. Por San Xil se va pasando por aldeas techadas de piedra y la segunda parte de la etapa muy gallega ella, los prados, las vacas y las amplias panorámicas.

He realizado toda la etapa sin ver un alma por el camino, sólo me ha adelantado un grupo de ciclistas. De verdad, si alguna vez hacéis el Camino coger esta variante, te pierdes el Monasterio de Samos pero ganas en tranquilidad. La paz se respira por todos los lados. Lo peor del día, el barro y la lluvia, llueve que te llueve . Entiendo el orgullo de los gallegos por la belleza de su tierra pero la región paga un alto precio por ello, para regar esos bosques y prados hacen falta millones de litros de agua, y claro, ¡no para de llover!

No he podido parar a desayunar hasta Furela, a 8 kilómetros de Sarria, estos pasajes son tan solitarios que no hay ni bares. Y cuando estaba dando cuenta de mi café con leche (grande por supuesto) han entrado dos chicas que vi en la etapa de O Cebreiro. El barecito era muy típico, pequeño con las paredes de piedra. hogar e imágenes y estampitas encima de éste. Imaginaros a la persona que había detrás del mostrador, era un hombre en consonancia con el bar, muy de pueblo… Perdonad que me voy por las ramas, ¿sabéis que le han preguntado las dos chicas al hombre?… Do you speak English? ¿? La cara con que las ha mirado el buen señor ya compensaba el mal trago que pasé ayer. Las chicas eran americanas y he dejado que se entendiesen con el paisano. Como Dios les dio a entender, han pedido un bocadillo de tortilla (lo sabían decir… de aquella manera) pero “separate!”.. vamos que querían la tortilla pero con el pan en otro plato. Muy americanas ellas, una era asiática pero con gorra de “Cleveland” y la otra la típica chiquita rubia, mona y blanca. Por supuesto que la que me ha saludado ha sido la chinita 😉 He pasado bastante de darles conversación y he tirado por lo directo al camino.

La etapa ha tenido apenas 18 kilómetros y un poco antes de las dos ya estaba en Sarria ¡Esto ya es otra cosa! Una ciudad muy preparada para el peregrino. Me hospedo en un hotelito que está muy bien (Hotel Oca Villa de Sarria) en una habitación más que correcta ¡Ah! y he ido a que me dieran un masaje… Me han hecho un daño tremendo pero me han quitado el dolor por arte de magia… ¡Bien!

Además he comprado unas polainas y una nueva capa para la lluvia: la que llevaba se me había roto, y aquí no es plan de ir sin esa prenda.

Mi reflexión de hoy pasa por los siguiente:

A veces las medias tintas son eso, mediocridad. Los pueblecitos tipo aldea tiene sus encantos y sus gentes también. En cambio los pueblos a medio camino entre pueblecito y villa, por ejemplo, Triacastela… pues ni chicha ni limoná. Y lo jodío es que también suele pasar con las personas 😉

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Y O Poio se contagió y también lloró

Pues sí, tremendo el temporal de nieve que me ha caído encima nada más salir de Cebreiro. He comenzado a caminar a las 8:00 horas, con un frío de narices y un tiempo muy desapacible. Las sensaciones no eran buenas y la ascensión del día anterior me pasó factura, me dolía la rodilla izquierda .

Por delante 22 kilómetros hasta Triacastela y el paisaje a 1 de abril no era lo que podríamos llamar primaveral. Rodeados por la nieve la ingente riada de peregrinos empezaba a sufrir. Porque hoy sí que he visto peregrinos, la mayoría de la versión  ‘lite’, es decir, los que empiezan camino en O Cebreiro. Sé que mi hijo Javi tiene algo contra ellos, no los siente como algo legal.

Javi, al fin y al cabo son  peregrinos, sin mochilas, con bambas de tenis, pero peregrinos.

La ascensión al alto de San Roque y sobre todo al de O Poio pesadísima, la rampa final es brutal y justo entonces ha arreciado la nevada. Pero lo peor no ha sido eso, como os he dicho, las sensaciones no han sido buenas, horrible la bajada a Triacastela. Desde Opoio hasta el final de la etapa hay doce kilómetros en descenso continuado, y con pendientes del ‘caraio’ ¡Y ahí es donde realmente he sufrido!

He ido parando y a cada stop parecía que las fuerzas volvían a mi maltrecha rodilla, pero a la media hora de camino otra vez regresaba el dolor. Pensad que casi toda la etapa ha transcurrido entre nieve, barro, agua, piedras y rampas. Para mí la etapa de hoy ha sido la peor, ¡ y eso que la de O Cebreiro era la etapa difícil!

Pero basta de ‘lloros’. No todo ha sido sufrir, he vuelto a ver a las ‘niñas’, jeje. Se han parado al verme y me han contado que lo estaban pasando fatal, que llevaban la cadena congelada y que no podían cambiar las marchas ¡Qué desastre!

También me he vuelto a encontrar a una güiri que yo pensaba que era escocesa o irlandesa, pelirroja, ‘feica’ y veterana. No sé si os había hablado de ella, pues bueno, he venido a tonar un vinito al café que tiene internet y he estado hablando con ella. Es de California, sigue siendo pelirroja y ‘feica’ pero la señora es simpática. Por cierto nena, me ha dicho que Miami no le gusta nada, que ha estado tres veces y que sólo recuerda el calor y los mosquitos 😉

Bueno familia, ya está bien por hoy, voy a intentar colgar unas fotos pero es que desde el móvil lo tengo chungo, lo intentaré con algún paso previo.

Un saludo a todos en especial a Silvia, Javi y Marta.

Javi, la bajada aquella que nos gustó tanto en bici, es un infierno cuando la haces andando y por la montaña… a ver si subo unas fotos y las ves. Besos

Y Cebreiro lloró lágrimas blancas…

Esta mañana he salido un poco tarde, me he alargado con el café con leche y repasando la etapa de hoy: 30 km. y los últimos en puerto de montaña de primera categoría.

He comenzado la caminata con buenas sensaciones, aunque rápidamente se me han ido al traste gracias al andadero paralelo a la N-VI, 15 kilómetros de ruidos y de camino asfaltado; he notado que los pies sufren muchísimo por la carretera.

He ido parando cada hora más o menos y a la altura de Trabadelo he llamado a Casa Carolo para reservar habitación… -no se haga la siesta que empieza a nevar en O Cebreiro, me dijo la dueña.

En Vega de Valvarce he parado a reponer fuerzas y he realizado la buena acción del día. Unas niñas de aproximadamente 18 años no han parado de preguntarme acerca del Camino.

-Señor, ¿nos deja ver su mapa?

-Señor, ¿sabe usted cuándo se coge la variante?

Señor, blablabla, blablabla y blablabla.

Las niñas eran majetas pero mi paciencia paternal se estaba agotando cuando me despidí de ellas…

Bueno señor, ¿nos vemos en el albergue de Ocebreiro…? -yo no voy a Albergues bonitas, respondí con tono sarcástico pero amable. Adiós guapas -les dije – ¡A ver si nos vemos!… Y proseguí camino, un camino que se empinaba progresivamente con rampas asfaltadas que me llevaban frito. Un trecho después de Herrerías tomé una gran decisión, a pesar de la lluvia, el frío y el cansancio escogí subir por la montaña. Ni el barro ni el agua me asustaban y la verdad es que acerté , el recorrido precioso ¡Qué paisaje! Y el barro y las piedras de la ascensión masajeaban mis doloridos pies.

Y pasito a pasito he llegado a A Faba donde he parado a tomar una Coca Cola, quedaban sólo 5 kilómetros pero con el temporal y el desnivel podría tardar una hora y media en superarlos. En el bar sólo estaban el hijo del dueño: un chaval de 17 años con acento gallego a pesar de que su pueblo pertenece a León, y una pareja de ‘veteranos’. Él era francés y el tipo lo había dejado todo y se había comprado una casa en A Faba, ella era de Mataró y estaba pasando unos días en casa de su amigo. He tenido un agradable rato de conversación ¡Hasta he hablado en catalán con la señora! 😉

Al cabo de un ratito y después de informarme del tramo que me quedaba, los ‘veteranos’ me han invitado a tomar un té en su casa. Lo he agradecido pero he declinado su propuesta, estaba cansado, llovía y quería llegar cuanto antes a O Cebreiro.

Los casi 5 km. que separan A FAba de Cebreiro se me han hecho eternos, la lluvía, el granizo y las cuestas me estaban pasando factura. Un granizo fino, persistente, y que ayudado del maldito viento golpeaba con fuerza sobre mis manos, la cara, las gafas …

Y en la ascensión final, el granizo se convirtió en una fina nieve ¡Estaba nevando!…

Y O Cebreiro lloró lágrimas blancas… y estoy seguro, que fue por mí.

Un saludo a todos y ¡Ultreia!

Pd (No puedo subir fotos porque internet va fatal, lo siento)

Camino de Villafranca … la del Bierzo

Y después de sufrir mi butaca ‘atutiplen confort’ llegué a Ponferrada. No he dormido demasiado, algo más de tres horas y cuando me he despertado he visto que el compañero de a mi izquierda estaba sentado tres filas por delante de mí ¿Habré roncado?

Nada más poner el pie en Ponferrada he ido al bar de la estación -por favor señora, ¿me pone un café con leché? y eso de ahí, ¿son churros?…
-El café con leche, ¿lo quiere grande o pequeño?
– Sí señora, grande… y ¿tiene también medidas para los churros?… creo que no me miró bien.

Después de que la señora me diera las oportunas explicaciones de cómo llegar al Camino me vi en la calle y lloviendo a todo llover. Al cabo de 200 metros me di cuenta de que algo iba mal, no me digáis el qué, pero el instinto Muñoz me avisó de que no llevaba la dirección correcta.

-Señor ¿El Castillo?
-Va usted en la dirección contraria, pues venga, media vuelta y hacia el Camino. Acababa de incumplir la primera regla del Peregrino, ‘ni un solo paso hacia atrás’.

Tardé una hora en salir de Ponferrada y lo curioso es que casi no he visto peregrinos. Uno con todos los chubasqueros del mundo encima me ha ido siguiendo durante el recorrido por la ciudad, dos chicas de Albacete que me han preguntado y con las que he recorrido unos 7 kilómetros, y un par de grupitos de bicigrinos que me han adelantado rueda que te rueda y a todo rodar -cómo añoro la bici, Dios… ;).

Perdón, también he visto a otra peregrina que al final no lo era. A la altura de Fuentes Nuevas he caminado durante un buen rato detrás de una figura que se me antojaba que llevaba bordón y capelina. Cuando he llegado a su altura he podido comprobar que tenía unos 80 años, (cinco más, cinco menos) y que caminaba con un palo a la espalda, un chal y zapatillas de andar por casa. Por Dios ¿De qué están hechas estas mujeres?

Físicamente me he encontrado muy bien. El final de la etapa se me ha hecho muy pesado porque he escogido el ‘El Camino Viejo’ para llegar a Villafranca. Subes y bajas continuados entre lomas plagadas de viñedos. Por cierto, el fruto de la vid de la variedad Mencía ya ha sido catado convenientemente.

Para compensar mi tacañería con el tren he cogido habitación en el hotel Plaza; que lógicamente está situado en la plaza mayor del pueblo… ¡pero a quién se le ocurre viajar en butaca por mucho que sea ‘atutiplén confort’!, debería haber viajado en coche cama.

Y como el camino es una analogía de la vida, la etapa de hoy me ha dejado tres lecciones:

1a Roncar no tiene porque ser malo, sólo hay que saber utilizarlo.
2a Una señora de pueblo puede con todo aunque tenga 80 años.
3a Los errores se compensan con aciertos y escoger el Hotel Plaza lo ha sido.

Y ahora en serio, hoy he andado durante 24 kilómetros y empiezo a este cansado, mañana me espera la etapa más dura del Camino; Ocebreiro (30 kilómetros después).

Un saludo a todos y besos y abrazos a quien corresponda.

Camino a Villafranca del Bierzo

Castillo de Ponferrada