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La sonrisa de una rosa

Rosa

Solo quiero dibujar su sonrisa, sobre todo su sonrisa. Siempre comedida, reservada, inteligente.

Su sonrisa enmascarada. Sonrisa de hoyuelos que enmarcaban su sonrisa, sincera y contenida.

Su sonrisa cincelada por labios estrechos, su sonrisa prudente, circunspecta y privada.

Una sonrisa ahorradora, cautelosa y bien perfilada.

La sonrisa de una rosa plasmada en su boca.

Señora era esa su sonrisa, la sonrisa de una rosa.

 

 

photo credit: <a href=”https://www.flickr.com/photos/rejik/13781537874/”>-Reji</a&gt; via <a href=”http://photopin.com”>photopin</a&gt; <a href=”http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.0/”>cc</a&gt;

1976, dibujo de un recuerdo

Escolapios de Sarriá

“El cole”

Un niño de doce años llega como siempre media hora antes al colegio. Como siempre le esperan los que son todavía más madrugadores que él. Como siempre, su padre le había dejado a las 8:30 en la puerta del colegio de paso a su trabajo.
Mientras cerraba la puerta del coche seguía pensando en la cena de ayer, habían hablado sobre el año 2000. Las grandes frases fueron las protagonistas: que si los coches volarán, que si los viajes a Marte serán algo habitual, que si el Barça ya habrá ganado cinco Copas de Europa :)
Ya en el cole, el niño les sacó el tema a sus amigos. Alucinaron. En aquellos tiempos se alucinaba y no se flipaba. Sentados a la vera de las gigantescas palmeras que en esos tiempos no tenían enfermedades ni se conocía al tal ‘picudo’. Les rodeaba un entorno mayestático donde el niño y sus amigos se daban cuenta de su insignificancia rodeados de tantos jardines, escalinatas, balaustradas y cuadros de santos y de curas importantes entre los que -por cierto- destacaba un tal San José de Calasanz.
El sonido del timbre de llamada a las clases rugió agudo y sostenido. El llamado les sacó del fragor de la conversación y rápidamente se dirigieron a la puerta de entrada. Era el momento de subir escaleras, anchas, marmóreas, desgastadas por las pisadas de miles de niños que antes que ellos habían subido por esas mismas escaleras obedeciendo a ese mismo sonido.
Entre escalón y barandilla nuestro niño pensó, ¡qué mayor que seré en el año 2000! Rápidamente calculó que para entonces tendrá unos treinta y seis años. ¿Cómo seré con esa edad?, ¿tendré pelo? -se preguntó-.
Treinta y ocho años después de ese día, ese no tan niño se encontró unas viejas fotos del año 2000…
¡Por Dios, qué joven que era!

Querida tía Paca

Perdona que te llame tía porque cuando he hablado sobre ti siempre te he llamado “la Paca” y hablando contigo eras simplemente Paca.

Quiero rendirte mi pequeño homenaje Paca. Y como te gusta leer y has leído casi de todo, no te importará ojear estas cuatro palabras que te quiero dedicar, querida Paca.

Mis primeros recuerdos tuyos son en tu casa de Montornés, yo era solo un niño y tú una mujer adulta. No te ofendas Paca, pero el recuerdo que tengo más nítido de aquellos años es el de una perrita setter que tenías, “la Negrita”. Como ya te he dicho, yo era solo un niño.

Años más tarde te redescubrí ya en tu casa de Barcelona. Yo hacía la mili en el cuartel de Navas de Tolosa y me aficioné a parar, cuando camino de casa pasaba por tu calle. Conocí a una mujer inteligente, me sorprendió tu cultura, de la que por timidez, pudor o prudencia no solías alardear. Eras una rara avis en los tiempos que no estaba bien visto que las mujeres quisieran leer tanto. Probablemente luchaste contra esos prejuicios, pero siempre a tu manera.

En los tiempos de mi mili hablé contigo y conocí a una gran conversadora que curiosamente era mi tía, aunque de verdad, lo de tía estaba bien, pero siempre pensé en ti como en la Paca.  Recuerdo a tu perro de aquellos años, un enorme perro lobo o ese era el nombre de la raza que pomposamente le adjudicabas.

No sé por qué, pero sin ningún motivo aparente nos alejamos otra vez. Ya solo te volví a ver en eventos como los de hoy y en el entorno de alguna que otra enfermedad a la que con coraje te enfrentabas. Recuerdo también la manera con la que mirabas a tu hermana Rosa, era especial, yo presentía que era de ese tipo de personas a las que tú admirabas querida Paca.

El viernes pasado te vi y otra vez te conocí. Te mostrabas clara, sin engaño, enfrentándote a la muerte con una entereza sobrecogedora. Joder Paca, ¡qué valentía! Me transmitiste serenidad y buen rollo a pesar de tu estado. Paca, te quiero decir que eres pura dignidad. Hoy he visto a tus hijas y a tus nietos y has dejado en ellos alegría, sí claro, ha habido algunos lloros, pero cuando hablábamos de ti a todos nos afloraba una sonrisa en los labios, para ser un entierro no está mal ¿no, Paca?

Como ha dicho hoy un increíble señor de nombre Jaume Camarasa, vas a otra dimensión, la de la energía, la de la luz. Sé que te ha encantado lo que ha dicho ese fantástico cura, ojalá todos los sacerdotes hablaran de esa manera de Dios, un dios creíble y verdadero.

Paca, tal y como han dicho tus hijas has dejado alegría y amor. Yo debería estar triste pero no, mientras escribo este pequeño homenaje, sonrío.

Por favor Paca, dale recuerdos a la Yaya. A tu querida hermana Rosa dale un beso muy fuerte de parte de su “mocico”. Otro beso también a tu padre al que no pude conocer. A Juan Francisco dile que todo bien, seguro que ya os habéis cruzado alguna que otra coña, os conozco y, es inevitable.

Un beso Paca.

Las Puntas de Calnegre desde los ojos del corazón

Los lugares son como los sentimos.

En pocos días viajaré a mi querido pueblecito del sur de Murcia, ¡qué digo pueblecito!, casi mejor decir poblado.”Las Puntas” (Puntas de Calnegre) está equidistante entre dos bien conocidos pueblos de la región, Mazarrón y Águilas y pertenece a Lorca por la parte más municipal. Una Lorca hasta hace bien poco desconocida para la mayoría de no murcianos y puesta en el mapa por un terrible terremoto.

“Las Puntas”, como le llaman los más allegados, forma parte de mi paraíso particular. Decir Puntas es decir libertad, decir Puntas es simplicidad, es mar, mar de verdad, con algas, con erizos y piedras, con levante y con lebeche  y con sol, “muncho” sol.

Decir Puntas es sobre todo recordar cuando yo era un zagal. Decir Puntas y escuchar una voz que dice -ha llegado “el Catalán”.

Decir Puntas es también decir “el Mapa”, “los Eucaliptos” o el “Kilómetro quince” y a las nueve de la noche recoger el bocadillo de Nocilla que mi madre me preparaba. Decir Puntas es pensar en el patio de Elvira, la guitarra de Frank y en las estrellas. Decir Puntas y estoy viendo la pequeña televisión de don Mateo, el obligado cine casero en un poblado sin luz, al que acudían los veraneantes y algunos parroquianos que por supuesto se traían sus propias sillas para disfrutar de la sesión. Funcionaba con un pequeño generador, en las Puntas todo era pequeño menos el mar, en aquellos tiempos cuando no se había inventado ni las pulgadas ni el color, en aquellos tiempos de cuando yo era un chaval.

Decir Puntas y pasar por el cuartel, y de “puerta”, Cristobal el guardia. Decir Puntas y jugar con los hijos de “el Cabo”. Decir Puntas y montar en la burra de Ginés José y en Calnegre la sonrisa de mi amigo Paquito, el hijo de “el Rubio”. Decir Puntas y ver la “Casa de los Lagartos”, “el poyo” y las dos escaleras de atrás de “la Concha” o “la Mercedes” y su Bar. Decir Puntas y recordar la escuela y a la mujer de “el Yanki” llamando a voz en grito a su ¡Giiinesiiiiico y Periiiiiico!. Decir Puntas y barajar las siete y media a la luz de los candiles, a peseta y a cincuenta céntimos. Decir Puntas y observar las palmeras de doña Leticia, y a lo lejos la “Casa Colorá“, más allá, cerquita la mar.

Decir Puntas y correr entre las tomateras, cabezos, calas y playas. Decir Puntas y nadar entre rascacias, lechas y pulpos. Y haber conocido a gentes, gentes como Vicente, la Anica o Norberto, y otros; el Nene, la Paqui, la Mamen, Francisco el gitano, la Gini,  Martín y no muchos más.

Decir Puntas y bailar las fiestas del pueblo, y “enlestirse”, pantalones apretados blancos y paseos, calle arriba y calle abajo. Decir Puntas y nunca querer recogerse. Decir Puntas era y es libertad, levante y lebeche y mar.

Decir Puntas son mis ojos de niño soñando sin mirar y ver a mis hijos hacer las cosas, de cuando yo era un zagal.

PD (Las gentes de Puntas llevan ya tiempo luchando contra el derribo de sus viviendas por no sé qué líos de mojones y lindes; cosas de leyes de costa e intereses de políticos y especuladores. Queridos amigos punteros, estoy con vosotros de todo corazón)

Y al final del Camino… ¿qué?

Durante el Camino he escuchado dos frases que han calado dentro de mí. La primera decía algo parecido a “si todos nos comportáramos fuera del Camino como nos comportamos en él, el mundo sería diferente” y la segunda hablaba del destino y de la senda para arribar a éste… “si no vives el Camino, la meta no tiene sentido”.

Parte de mi post final sobre mi Camino de Santiago en año Jacobeo 2010, año de Indulgencia Plenaria, se orientará sobre estas dos sentencias.

La solidaridad de las personas y el transcurso de sus Caminos a Santiago, sus porqués, porque hay muchos caminos encauzados en una sola senda. Travesía que emprendemos y que llamamos “el Camino”: muchos caminos, tantos como personas se aventuran en él. Hay gente que lo realiza con espíritu festivo, con amigos, con ganas de compartir experiencias. Otros como reto personal, o deportivo, o como senda espiritual… o como camino de fe, o como mezcla de todo lo dicho o… con infinidad de motivos variopintos que se pueden entremezclar y cruzar, tantos como pueda llegar a pensar o razones tenga el ser humano.

He podido apreciar otra vez en éste mi tercer Camino, que la gente es solidaria, que se ayuda, que comparte, que está presta a las necesidades del otro. He visto vivir el Camino, unos sufriendo, otros disfrutando. He observado encuentros, despedidas y desencuentros. Yo he vivido el Camino y otras personas también. El Camino es la lluvia, la nieve, el barro, los ríos, las piedras, las subidas, bajadas, los amigos, la compañía, la soledad, el cansancio, el dolor ¡Tantas cosas!

Es la metáfora en movimiento de la vida, es un largo momento de reflexión personal. De preguntarte ¿Qué hago bien? ¿Qué hago mal? De responderte hoy un sí, y mañana un no.

El Camino enseña que no hay límites pero que hay adversidades, que el dolor duele pero se supera, que es necesario descansar para continuar, que es bello y a su vez agota pero que hay que seguir.

Y al final se llega, y desde el Monte del Gozo llega el gozo, la alegría, se ven las torres de la meta. El camino llega a su fin, la felicidad se entrecruza con la tristeza. Ya se termina y piensas – ¡No me voy a emocionar! Te emocionas, y llegas y cumples con las tradiciones. Descansas, ya hace días que echas de menos a tu familia ¡Qué ganas de verlos! … y aprecias más lo que tienes.

Todo esto y probablemente mucho más, ha significado para mí el Camino de Santiago. Mi afán de búsqueda se ha quedado de momento satisfecho. Lo necesitaba para apreciar desde la distancia lo que tenía, lo que tengo, mi familia, el trabajo, los amigos. Lo necesitaba para confirmar una idea que cada día ronda con mayor virulencia en mi cabeza. El “Fin” no justifica los “Medios” sino que la mayoría de las veces los “Medios” son los que deben justificar el “Fin”. 

El Camino de Santiago es honesto, hay que ir venciendo caminos y sendas de diferentes tipos, la meta diaria es una, no siempre la alcanzas, pero puedes quedarte antes y no por eso has perdido. Ya llegarás mañana, las circunstancias de hoy te lo impedían.  En nuestros trabajos lo vemos diariamente, la dura competitividad, los egoísmos, las metas y los fines lo copan casi todo, se da poca importancia al camino cuando es en sí mismo la propia meta, nuestra firma de identidad.

Por mi parte espero no olvidarme. Para finalizar este escrito sólo deciros que he sido feliz en el Camino, pero que lo soy mucho más escribiendo desde mi casa. Todos debemos racionalizar nuestras vidas y escoger caminos que busquen metas, pero debemos andarlos con honestidad. Si no comprendemos la meta al final del camino, no escojamos esa vereda. No tiene sentido.

El Bruc a 10 de abril de 2010. Año Jacobeo.

Aventura nocturna hasta Monte do Gozo y después ¡Santiago!

Hoy empecé la etapa final pronto, muy temprano. La ansiedad me ha podido. Por un lado quería llegar a la meta y por otro lado quería seguir en el Camino. Pero lo he vivido, si lo vives, sea de la manera que quieras te mereces llegar.
A las 6:15 horas he empezado a andar, estaba oscuro y me ha costado encontrar el Camino pero una vez en él… un, dos, tres, toc (golpe de bastón), un, dos, tres, toc (golpe de bastón)… y cuando amanecía ya estaba llegando a Monte Do Gozo. Desayuno, fotos de rigor en el monumento, el último sello y hacia Santiago: un, dos, tres, toc (golpe de bastón). Y antes de las 10:00 ya estaba en el kilómetro 0 de la peregrinación. Fotos otra vez y al Hostal de los Reyes Católicos a ‘adecentarme’, que tenía que ir a la Misa del Peregrino y cumplir con las tradiciones en la catedral; los tres golpes, abrazar al Apóstol, orar en su tumba…
El resto del día, disfrutando del hostalito, siesta, baño y paseos por la ciudad. Estoy enamorado de Santiago, probablemente la capital espiritual de Europa.
Mañana desde casa escribiré el último post del Camino. En él, quiero plasmar reflexiones, experiencias, pensamientos y sensaciones que estos días me han dejado.
El Camino de Santiago es el Camino. Es la analogía de la vida misma, es la búsqueda, el ansia de la meta…
Pero si no vives el Camino ¿para qué quieres llegar?

¿Pedrouzo? ¡Hasta Lavacolla!

Hoy el post será muy cortito ya que es tardísimo. He estado con @tonyfalcon de cena y viendo el Barça. Por cierto mañana abrazaré al apóstol aunque hoy en la tele hemos visto al dios del fútbol: Lionel Messi.
Al final he alargado la etapa y he andado algo más de 30 kilómetros. Fin de etapa Lavacolla: a 10 kilómetros de Santiago. Esto está chupao.
He llegado a las 5 de la tarde cansado pero muy bien de piernas, sobre todo muy bien de rodillas.
Tengo muchas cosas que contaros, de momento os dejo unas fotos para abrir boca. Lo más importante es que la raza de perros en esta zona de Galicia ha cambiado😉 … He vuelto a encontrarme a la chinita … que en realidad es coreana…y cinturón negro de Taekwondo.
Mañana explico bien la jornada y mis reflexiones sobre el Camino. Buenas noches amig@s.