Esta noche he dormido como los ángeles en la Posada del Camino de Portomarín y anoche cené como un señor en su cenador; calidad y súper abundante «Menú del Peregrino». Entre nosotros y sin que nos escuche nadie, era exagerado. La atención y el servicio del lugar excelente y la posada auténtica, antigua pero peculiar, ¡vamos!, que he estado cómodo.
Os escribo intentando relajar mis doloridas piernas que acaban de sumar otros 25 kilómetros. La etapa de hoy ha sido de un sube que te sube constante. Nada más salir tienes 11 km. de cuestecita prolongada y bajo una niebla matinal propia de estos lares. Por cierto, hoy no ha llovido ¡Bien! El piso estaba casi sin barro.
Durante la subidita he ido detrás de un grupo de 8 niñas que por el acento eran vascas, no han parado de hablar en todo el rato… ¡uff!
A estas alturas del Camino hay muchos grupitos de peregrinos que vienen a hacer 5 días de excursión con los amigos. Se ven también grupos de señoras sesentonas ¡Qué mérito que tienen lleven mochila o no! A ver quién es el guapo que a su edad se pone a caminar por estos pagos.
Por cierto, volví a ver a la chinita, ella salía de un bar y yo entraba, se ha girado y me ha dicho «hoolla»… Le estoy cogiendo hasta cariño 😉
Además corren por aquí personajes muy curiosos. He charlado con un andaluz mayorcete, muy simpático y que con el frío que hace se despacha saludando a todo el mundo embutido en sus pantalones cortos y en una mochila que es más grande que él. Un cachondo.
En el último post haré una serie de reflexiones sobre el Camino, unas en serio y otras no tanto. Lo que tengo claro es que teorizaré sobre su moda. Hablaré de cosas como los chandals y de cómo esa prenda no está cumpliendo su verdadero cometido (el precalentamiento deportivo), ¿qué hace un chandal en el Camino de Santiago? También disertaré sobre las zapatillas de tenis, los pantalones de agua y sobre las gorras de beisbol…
Como ya os he dicho hoy no ha llovido y esa ha sido la mejor noticia del día, la peor… que se me ha roto el cargador del móvil. Lo llevo apagado para no quedarme sin batería y lo conecto si necesito llamar ¡Sin iPhone también se puede vivir!… aunque parezca mentira.
Mañana intentaré comprar un cargador en Melide y me parece que haré noche allí. Sólo son 15 kilómetros y con la excusa del cargador y el pulpo de Ezequiel…no sé si me quedaré ¡Mis rodillas se lo merecen y yo también! No me apetece afrontar mañana otra etapa de 30 kilómetros hasta Arzúa. Según he leído es la típica jornada gallega rompepiernas, sube, baja, baja y sube. Bueno, ya os diré que he hecho.
Perdonad pero no sé cuando podré colgar las fotos de hoy (por lo del iPhone).
Un saludo a todos y … Javi y Marta; portaros bien con Mamá.
En las fotos que al final he podido subir podéis ver la llave de la Posada de Portomarín, un área de descanso, «los pazos de Ulloa» (¿os suena?) y el pan gallego… es buenísimo.




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